Hacer teatro tiene muchos beneficios, para los no actores, para aquellos a los que solo le interesa la actividad con la sola finalidad de alimentar el cuerpo y el alma.

Mejora la autoestima: Todos somos creativos, aunque haya personas que duden de su propia creatividad. La creatividad y el juego favorece la desinhibición y potencia nuestra capacidad de expresar y comunicar.
Favorece la escucha y la atención: En un mundo cada vez más marcado por horarios, objetivos, obligaciones… nos metemos en una vorágine de pensamientos que nos alejan del presente, del aquí y ahora.
Desarrolla la imaginación: La imaginación es fundamental para cualquier cosa en la vida. No es algo sólo para los artistas. Un empresario deberá ser imaginativo para resolver problemas. La imaginación nos ayuda a ejercer bien nuestro trabajo, a ser más efectivos, y en definitiva y lo más importante, a amar lo que hacemos y con ello a ser más felices.
Conecta cuerpo-mente-emoción: Estamos acostumbrados a separar la cabeza de los sentimientos. Esta sociedad en la que vivimos nos lo exige. Y ésto nos causa enfermedades, dolores, malestares, estrés… El teatro ejercita el cuerpo, agiliza la mente y deja salir las emociones concretas en cada momento.
Vencer la timidez y los miedos: Al tratarse de un lugar de juego, de expresión, uno se va soltando. Y va perdiendo el miedo y la importancia de hablar frente a los demás, dar su opinión, confiar en sí mismo, mientras va adquiriendo recursos para la comunicación, tanto verbal como corporal.
Mejora la comunicación: Como decíamos anteriormente, el teatro te trae al “aquí y ahora”. Muchos de los problemas para dar un discurso, o el miedo a hablar en público, residen en; dónde estamos centrando nuestra atención. Las herramientas teatrales y el entrenamiento dotan de recursos para hacer frente a un discurso.
Favorece las relaciones sociales: El teatro es trabajo en equipo y comunicación. Lugar de juego y de experimentación. Por eso conlleva a la fluidez en las relaciones, a conocer gente de otro modo y en otro medio. A conectar desde un lugar más sincero y auténtico.
Favorece la memoria: No sólo la memoria de textos, sino la memoria de las escenas, de las situaciones. Haciendo teatro desarrollamos una memoria más honda, conectada a nuestras emociones y a nuestras vivencias en el lugar de ensayo.
Mayor empatía: Crear un personaje ya es en sí un acto de empatía. Meterte en la piel, jugar a ser otro sin juicios. Ponerte en su lugar en mil situaciones diferentes. Y observar a otros, profundizar en la psicología humana. Porque el teatro no juzga. Expone.
Mayor conocimiento de uno mismo y de los demás: Dejamos para el final el más importante porque realmente es lo que resume a todos los puntos. Un mayor conocimiento de nosotros, de nuestras debilidades, de nuestras creencias, de nuestras fortalezas, de nuestras habilidades… Y a su vez, de los demás. Un mayor conocimiento nos hace más felices, pues también nos ayuda a aceptarnos con nuestros defectos, si los hay. El teatro también nos ayuda a mirarnos de un modo más cariñoso. Todos estamos igual “abiertos en canal”.